jun
3
2010
Autor: Elsa Egea Comentarios: ?
Un bebé estimulado será un niño despierto, un joven alegre y un adulto con ilusión por vivir la vida y participar de la sociedad. Koichiro Matsuura, director general de la UNESCO hasta 2005, afirma que "la mejora del bienestar de la infancia en su más temprana edad debe ser un componente esencial y sistemático de las políticas de educación y reducción de la pobreza". Es fundamental impulsar esta primera etapa de enseñanza que empieza en los propios padres y familiares.
Cantarle a un bebé mirándole a los ojos, darle masajes, enseñarle a caminar o a sentarse, a pintar o a dibujar son algunas de las técnicas que se utilizan para estimular el buen crecimiento tanto físico como psicológico de los más pequeños. Este proceso no es una terapia o método de enseñanza formal, sino un conjunto de técnicas y actividades que buscan desarrollar al máximo las capacidades físicas, sociales y emocionales de los bebés.
Según la agencia de Naciones Unidas que defiende los derechos del niño (UNICEF), los primeros siete años de la vida de la persona son fundamentales, especialmente los tres primeros años, que son la base de la salud, el crecimiento y el desarrollo en el futuro. Durante este período, las niñas y los niños aprenden más rápidamente que en cualquier otra época.
En este sentido, los padres o cuidadores de los niños y niñas tienen un papel muy importante. Deben ayudarlos a aprender ofreciéndoles cosas nuevas e interesantes para estimular sus sentidos. Pero sobre todo, lo más importante, deben darles afecto. Anna Bielsa, psiquiatra y psicóloga infantil y juvenil y Presidenta de la Sociedad Catalana de Psiquiatría Infantil y Juvenil afirma: "el proceso de maduración de un niño se da a varios niveles, en el lenguaje, en su capacidad motriz, etc., pero si no hay un contacto o un referente que le dé afecto, el niño se aislará". Como metáfora, podríamos decir que el afecto que necesita un niño en sus primeros años de vida equivale al cemento con el que se sostendrá y construirá una casa. Los recién nacidos y los niños de corta edad conseguirán una mayor celeridad en este aprendizaje si reciben amor, afecto y atención. Y, por descontado, aliento y estímulos mentales, así como alimentos nutritivos y una buena atención de la salud.
Y es que los expertos aseguran que aunque un niño nazca sano, pueden afectarle una serie de circunstancias como la pobreza, el retraso educativo o la limitación de acceso a la cultura. El desconocimiento de la madre en la crianza puede provocar enfermedades y desnutrición y ,por lo tanto, causarle al niño o la niña un retraso en su desarrollo. Otra de las consecuencias de no tomar en cuenta esta atención del padre o la madre hacia el menor es que puede aumentar la probabilidad de que niños y niñas acaben teniendo serias deficiencias intelectuales lo que, a largo plazo, ocasiona un escaso desarrollo de los jóvenes y, en consecuencia, del futuro de sus comunidades.
Los instrumentos que el niño o la niña utiliza para aprender y descubrir el mundo que le rodea son los cinco sentidos: el tacto, el oído, el olfato, la vista y el gusto, por eso es tan importante la interacción del bebe con los demás, ya que cuanto más se relacione más rápido será su aprendizaje. A los recién nacidos se les debe estimular básicamente mediante el afecto. Sostener, mecer y hablar al niño estimula su crecimiento y origina su desarrollo emocional. Sentirse seguro es una de las mayores necesidades que tiene el bebé. Necesita estar cerca de su madre y ser amamantado cuando él lo pida. El llanto es la manera que tiene de pedirlo, así que si sus cuidadores ofrecen una respuesta rápida ya sea cogiéndolo en brazos o hablándole, conseguirán generar en el niño un sentimiento de tranquilidad y confianza. El contacto directo con la piel de la madre y el amamantamiento durante la primera hora después del nacimiento, según UNICEF, ayuda a los recién nacidos a lograr un mejor crecimiento y desarrollo y a establecer un vínculo con su madre.
Para un correcto desarrollo es necesario que los niños se relacionen, se sientan queridos desde el nacimiento y jueguen con los miembros de la familia. Así se consigue que el niño se sienta seguro, y esto, en un futuro, comportará un mayor rendimiento escolar e incluso una mayor capacidad de superación ante las dificultades de la vida.
¿Cómo y por qué se desarrolla un cerebro? Hay tres factores que influyen: el código genético que heredamos, la educación que recibimos y el grado de desarrollo de las conexiones entre neuronas.
El doctor Manuel Kovacs, especialista en neurología, explica muy gráficamente por qué es tan importante estimular el cerebro y conseguir un mayor número de conexiones neuronales. Según el experto, no estimular un cerebro infantil es lo mismo que confiar en la suerte de esperar que una semilla caiga en un lugar óptimo para que germine. Por el contrario, si estimulamos el cerebro, lo que estamos haciendo es preparar las condiciones idóneas para que esa semilla germine con mucha fuerza, es decir, es como si estableciéramos un cultivo ecológico, con los nutrientes adecuados y las horas de sol adecuadas para que la semilla brote.
Está demostrado biológicamente que el niño nace con una serie de circuitos en el cerebro (las conexiones neuronales) que perderá si no los usa. Pero también tiene la capacidad de crear otros circuitos que no tiene a medida que los va necesitando, es decir, logrará conectar dos neuronas separadas entre sí gracias a un estímulo.
Usar los circuitos es lo que los mantiene vivos. Y aquí la edad es trascendental porque la facultad de crear circuitos o conexiones entre neuronas no es algo que se conserva a lo largo de la vida, sino todo lo contrario. Según Matthias Sachse, médico especializado en salud pública, "casi el 90% de conexiones neuronales se dan en los primeros años de vida del niño o la niña". Cuando el niño nace, o incluso cuando está en la barriga de la madre, las posibilidades de conexión son prácticamente ilimitadas, pero en el momento del nacimiento empieza una cuenta atrás hasta los 7 u 8 años. A partir de esa edad, las posibilidades de constituir nuevos circuitos son prácticamente nulas. Manuel Kovacs, neurólogo español, hace una analogía muy esclarecedora en este sentido: "hasta los 7 años se constituye el capital y a partir de entonces se vive de intereses", afirma.
El objetivo de la estimulación no es un desarrollo artificial, es decir, no pretende forzar al cerebro, sino todo lo contrario. Hace falta saber lo que al niño le interesa según la edad, y dárselo buscando siempre la utilidad para constituir los circuitos cerebrales.
Existen muchas investigaciones que demuestran que invertir en el desarrollo temprano del cerebro, así como que el niño goce de una buena nutrición y una buena salud, comportarán a largo plazo un beneficio económico que se puede cuantificar. Según la OEA (Organización de Estados Americanos), está demostrado que los niños que han participado en programas de estimulación temprana bien diseñados tienen más éxito en la escuela, son más competentes social y emocionalmente e incluso tienen un desarrollo verbal e intelectual mucho más elevado que el resto. Por lo tanto, todo esto llevará en un futuro a tener sociedades mucho más activas, despiertas y con capacidad de progreso económico y social. Es una inversión de futuro para el país.
Pero este beneficio no se hace tangible tan solo a largo plazo, intervenir con programas de salud y nutrición a niños y niñas de corta edad aumenta las posibilidades de supervivencia de los menores. Además, por lo que respecta a su educación, preparan a los niños y niñas para la escuela, mejorando su rendimiento escolar y reduciendo la necesidad de repetir.
Por todo esto, el Banco Mundial ha decidido invertir y financiar numerosos proyectos de estimulación temprana en países como Brasil, Colombia, Ecuador o Bolivia, entre otros. El motivo es claro, invirtiendo en la estimulación de los bebés se puede conseguir romper el círculo de la pobreza. Financiar proyectos de estimulación temprana en países empobrecidos es un mecanismo efectivo y económico de cooperación para el desarrollo, ya que el coste de la inversión es prácticamente nulo. No se necesita pagar ningún sueldo, ya que el trabajo es de los padres y tan sólo se necesita una formación inicial o difundir esta idea para que se tome conciencia y se aplique; y tampoco se necesita material específico o de alto coste para la estimulación, más bien todo lo contrario, los materiales pueden ser caseros o reutilizables.
La UNESCO también se ha pronunciado a favor de respaldar políticamente todas las iniciativas que hagan referencia a la educación y atención de la primera infancia. Asimismo, y tal como apuntábamos al principio de estas líneas, la inversión en estimulación temprana asegura un beneficio cuantificable a corto y largo plazo, tanto para el niño como para el país en el que reside. No obstante, su verdadero valor, crear hombres y mujeres con capacidades y probabilidades de desarrollar una vida plena, no tiene precio ni medida.
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