oct

21

2010

Tomates en la azotea

Autor: Eduard Altarriba
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Desde hace unos años, tomates, verduras y plantas aromáticas proliferan por los balcones y azoteas de nuestras ciudades. El creciente interés por una comida más saludable y apetitosa, así como la extensión de las inquietudes ecológicas, sin duda, están detrás de este fenómeno indicativo del rumbo emprendido por una parte de la sociedad que hace varias décadas dio la espalda a la agricultura en pos de la modernización y el desarrollo. Cultivar la propia comida es una buena forma de recuperar, sin mediadores industriales, nuestra ancestral relación con la tierra y la comida, al tiempo que nos permite volver a degustar verduras con sabor a verduras. Todo ello sin mencionar lo entretenida y didáctica que puede resultarnos esta actividad. Veamos, sucintamente, algunos consejos para plantar nuestro propio micro-huerto urbano.

Lo primero es determinar el espacio. Lo mejor es un balcón, terraza o azotea con unas cinco o seis horas de insolación natural - los orientados al sur son los ideales-, bien ventilado pero a resguardo de las corrientes de aire excesivas. Como es bien sabido, las plantas necesitan sol y aire para su crecimiento, así que cuanta mayor energía puedan captar nuestras plantas del sol, mayor será su crecimiento y maduración. Un grifo para el regadío nos puede ser de gran ayuda, especialmente si queremos instalar un sistema de riego por goteo que nos permita ausentarnos en los puentes y festivos sin temor a que nuestro huerto pase sed.

Después tenemos el recipiente. Si se dispone de espacio, se pueden usar unas mesas especiales para cultivo urbano, de no ser así, bastará con unas macetas normales, como las que usamos para las plantas decorativas, pero que tengan la profundidad adecuada para contener una cantidad suficiente de sustrato (entre 10 y 20 cm de profundidad es suficiente) y que en la parte inferior dispongan de orificios para un correcto drenaje del agua.

El espacio de cultivo, ya sea macetas o mesa, se preparará con un sustrato. Se trata de una mezcla de arena, abono y tierra fértil pensada para un óptimo crecimiento de las plantas en espacios no naturales. Para ser consecuentes, evidentemente, buscaremos sustratos que no contengan abonos artificiales. Las plantas necesitan nutrientes minerales que se encuentran en la tierra y que absorben disueltos en el agua, así que habrá que ir reponiendo estos nutrientes mediante la adición de composts. Se trata de un abono orgánico de calidad y rico en nutrientes que podemos adquirir en comercios especializados o generarlo en nuestra casa con una compostadora a partir de residuos orgánicos. Otras opciones de abono son el estiércol o el humus de lombriz. La adición de abonos es arte complejo que requiere un equilibrio entre un correcto abonado, un buen sustrato y un manejo correcto de nuestro huerto, algo que se consigue con experiencia y una investigación adecuada.

Una vez determinado el espacio físico de nuestro modesto huerto, es hora de plantearnos qué vamos a cultivar, ya sean ajos, perejil, cebollas, pepinos, orégano, lechugas, espinacas, tomates, etc. Lo primero a tener en cuenta: esto no es un supermercado, así que las plantas están sujetas a estacionalidad. Lo segundo: las plantas tienen diversas velocidades de crecimiento, así que los urbanitas impacientes por aliñar su ensalada harán bien en elegir plantas de crecimiento rápido cómo los tomates o las lechugas. En general, lo más recomendable es combinar varias plantas para crear una plantación variopinta. ¡Cuidado! Como las personas, hay plantas que no se llevan bien entre ellas (parece ser, por ejemplo, que tomates y patatas no congenian demasiado), así que deberemos informarnos de sus compatibilidades.

A la hora de adquirir las semillas, y siguiendo con el espíritu consecuente que nos guía, debemos optar por semillas ecológicas, libres de manipulaciones genéticas. Las semillas germinan cuando tienen las condiciones de temperatura y humedad adecuadas, así que deberemos disponer nuestras plantas en función de su estacionalidad, su tamaño y la compatibilidad que tengan entre ellas. Según indicaciones, haremos un orificio en la tierra e introduciremos las semillas. Una buena idea es intercalar plantas aromáticas como el cilantro la albahaca o el perejil, con hortalizas para aumentar la resistencia frente las plagas. En algunos casos podemos optar por el plantel (plantas ya germinadas pero todavía muy pequeñas que se trasplantan a nuestro huerto), que nos permitirá acelerar mucho el proceso de crecimiento y posterior degustación. En general, resulta recomendable etiquetar las siembras con el nombre de la especie y la fecha, no vayamos a confundir nuestras incipientes tomateras con las no menos incipientes berenjenas.

El riego del huerto es la actividad que requiere más constancia. Cómo hemos dicho antes, podemos optar por instalar un sistema de riego gota a gota o algún otro tipo de automatización, pero en caso de hacerlo manual, con regadora o manguera, procuraremos siempre que el chorro no impacte con demasiada presión sobre la tierra, apenas un chorrito que no arranque el sustrato. La frecuencia del riego dependerá de la época del año; así, en verano el riego deberá ser diario, aunque la simple observación empírica nos permitirá apreciar si la tierra está seca o, por el contrario, el sistema de drenaje no para de escupir agua.

Después nos tocará defender nuestro huerto lidiando con plagas y malas hierbas. Las segundas se arrancan con las manos, pero las primeras son más complicadas de afrontar. Cómo es evidente, nosotros no utilizaremos pesticidas químicos, así que habrá que echar mano de la madre naturaleza y las soluciones que ella nos aporte. Como ya hemos señalado antes, la presencia de plantas aromáticas aumenta la resistencia de nuestras plantas, aunque cada plaga o enfermedad de la planta requerirá una acción diferente. Así, por ejemplo, ante el pulgón, lo mejor es cepillar las hojas de la planta y ante mosca blanca podemos probar de pulverizar con extractos de plantas como el ajo o la ortiga. De todas formas, existen insecticidas naturales que podemos adquirir en tiendas especializadas.

Con todos estos consejos, una modesta inversión y un poco de paciencia, podremos disfrutar de una parrillada de verdura o una ensalada cultivadas con nuestras manos, tal y como hicieran nuestros ancestros antes de cambiar el arado por las luces de la ciudad. Y todo ello libre de pesticidas, herbicidas ni abonos químicos.

Buen provecho.

Tags relacionados: agricultura, sostenibilidad, ecología

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