nov
23
2010
Autor: Gonzalo de Castro Comentarios: ?
El estancamiento de la cifra mundial de personas hambrientas, que desde 1970 nunca ha bajado de los 800 millones, se relaciona con grandes fracasos y negocios, así como con el emergente activismo político de movimientos y organizaciones sociales que cuestionan el actual sistema global alimentario, y buscan alternativas para hacer efectivo el derecho humano a la alimentación.
Un ejemplo paradigmático del momento histórico que vivimos es el año 2007, año triple de récords: de producción mundial de granos - 2.300 millones de toneladas-, de personas con hambre - 873 millones-, y de beneficios para los comerciantes mundiales de granos.
A los fracasos se refiere el Relator Especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación, Olivier de Schutter, al explicar por qué para él, los Objetivos de Desarrollo del Mileno (ODM), firmados en 2000 por 189 países, constituyen "un fiasco". Cuando en 2009 la cifra de hambrientos en el mundo llegó a los 1.020 millones de personas, el representante de la ONU argumentó: "los ODM se centran en objetivos meramente estadísticos, y si bien han sido útiles para movilizar dinero y energías, sólo atacan los síntomas de la pobreza, como la malnutrición infantil, la mortalidad materna o las enfermedades, e ignoran las causas más profundas del subdesarrollo y el hambre".
Los fracasos también se perciben en la incapacidad política de gobiernos y organismos internacionales para tratar las causas estructurales del hambre y la pobreza extrema, o asimismo para dar impulso a políticas de agricultura sostenible y ecológica, asuntos que denuncian en la actualidad diversas organizaciones y movimientos sociales.
En este sentido, De Schutter ha exigido a la comunidad internacional cuestionar las políticas agrícolas actuales y desarrollar el potencial de la agroecología, basado en los mejores rendimientos y niveles de producción que esta agricultura ha mostrado frente a la agricultura industrial a gran escala. El relator de la ONU destaca además la importancia que la agroecología tiene en la mejora de los ingresos de los campesinos al tiempo que protege el suelo, el agua y el clima.
El estancamiento de la lucha contra el hambre también coincide en el tiempo con lo que diversas organizaciones sociales no dudan en llamar los negocios del hambre. Se trata de los biocombustibles, la especulación financiera de materias primas, los mercados monopólicos de las semillas, de fertilizantes y de la distribución, o asimismo, el nuevo acaparamiento de tierras, los monocultivos o los alimentos transgénicos (OGM). Negocios con altos beneficios económicos, pero que muestran su incapacidad para generar beneficio social, mejoras en el medio ambiente o en el bienestar humano, principalmente en la vida de los más desfavorecidos.
"Nada tiene más poder en la actualidad que una empresa multinacional, y ningún grupo ha dejado tanto de lado sus responsabilidades" reflexiona a este respecto Benjamin R. Barber, director del Centro Walt Whitman de la Universidad de Rutgers. Este investigador afirma:"el mito del mercado es nuestro mito más insidioso". Barber denuncia por un lado la desastrosa confusión que existe entre la moderada y fundada opinión de que los mercados flexibles y regulados son los instrumentos más eficaces de productividad económica y de creación de riqueza, y por otra parte, la engañosa y pretenciosa opinión de que la existencia de mercados no sometidos a ninguna clase de regulación son el único medio por el cual podemos producir y distribuir todo lo que necesitamos. Para Barber, la construcción de un mundo como "un lugar para todos" implica asegurar que la responsabilidad y el poder vayan de la mano.
La lucha por asegurar el goce universal del Derecho a la Alimentación, una lucha estancada que mantiene hace 40 años casi mil millones de rehenes, supera actualmente un enfoque basado en la seguridad alimentaria, centrado en un objetivo de cubrir necesidades básicas, para abrir espacio a nuevas dimensiones que conforman el enfoque de la "soberanía alimentaria". Surgido por el impulso sostenido de movimientos campesinos en todo el mundo, la soberanía alimentaria reivindica cuatro pilares: el derecho a la alimentación, el acceso a recursos productivos, una producción agroecológica dominante, y comercio y mercados locales. No se trata sólo de buscar rendimientos eficaces en la agricultura. "No sólo importa el cuánto sino el cómo", dice el Relator de la ONU Olivier de Schutter. Porque la agricultura intensiva a gran escala no contempla la sostenibilidad ambiental, ni los costes sociales de sus beneficios. "Debemos encontrar una manera de combatir a la vez el hambre en el mundo, el cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales, aun cuando ello suponga complicar aún más nuestra tarea"-dice De Schutter- Todo lo que no vaya en esta dirección será una simple pérdida de tiempo".
Tags relacionados: pobreza, organismos internacionales, derechos humanos, alimentación
Recetas para el mundo es el blog sobre seguridad alimentaria de Intervida. Encontrarás consejos culinarios, recetas, historias solidarias y toda la actualidad sobre consumo responsable.
aguaChileMalíconsumo responsableagriculturasostenibilidadecologíadiversidad culturalcampañasalimentaciónpobrezaEcuadororganismos internacionalesderechos humanosÁfricamedio ambienteseguridad alimentariaBoliviavideorecetarecetasbibliotecacooperacióncrisis alimentaria