nov
5
2010
Autor: Cristina Moñino Comentarios: ?
10 millones de niños y niñas siguen afectados por las inundaciones en Pakistán tres meses después. Sólo en la provincia filipina de Isabela el paso del tifón Megi hace un par de semanas ha dejado a cerca de 300.000 niños y niñas en situación de extrema vulnerabilidad. Y noticia de hoy mismo, Haití se enfrenta a una grave epidemia de cólera ante la llegada en los próximos días la tormenta tropical Tomás. Inundaciones, terremotos, tifones, todos ellos, desastres naturales cada vez más frecuentes que ponen en peligro la vida de miles de personas.
La erosión de los suelos, el calentamiento global, los efectos del cambio climático, añaden, cada día, un nuevo nombre a la lista de fenómenos naturales que tienen nefastas consecuencias para nuestro planeta y las millones de personas que lo habitamos. Una vez más, la infancia, los niños y niñas, son las primeras víctimas en estas situaciones, pierden su hogar, muchos quedan huérfanos, y se vuelven aún más vulnerables al contagio de brotes y enfermedades.
¿Pero qué podemos hacer nosotros? Ante estos fenómenos somos vulnerables, pero también responsables. Tenemos medios para prever y adelantarnos a los acontecimientos, para minimizar riesgos con medidas preventivas, para dejar de actuar de forma irresponsable con nuestro entorno, en definitiva, para proteger nuestro hábitat. Evaluar los riesgos y vulnerabilidades que subyacen en nuestro entorno nos convierte en sus principales protectores y nos da la capacidad de reaccionar de forma más efectiva ante los desastres naturales.
Países como Filipinas frecuentemente son noticia por la llegada de tifones, inundaciones, movimientos sísmicos o erupciones volcánicas. Ahora bien, una sociedad filipina concienciada y capacitada para proteger su entorno y mitigar el efecto de los desastres naturales, es una sociedad más fuerte y menos vulnerable, capaz de plantar cara a las dramáticas consecuencias de tifones, y capaz de proteger en situaciones de emergencia a los más vulnerables: la infancia.
Simplemente con la adopción de prácticas como la reforestación, varias comunidades filipinas están manteniendo la estabilidad de los suelos para poder así mitigar efectos como la erosión o los deslizamientos de tierra.
Intervida lleva a cabo en varias zonas de la isla de Luzón programas de prevención y mitigación de desastres donde las comunidades se preparan y refuerzan para poder dar una mejor respuesta ante futuros desastres, así como para reducir su vulnerabilidad mediante la mejora de las condiciones ambientales. Las acciones de estos programas también se extienden a las escuelas, donde los niños y niñas desde edades tempranas aprenden a ser responsables con su entorno y a respetar el medio ambiente, pues la formación y la sensibilización son cruciales para ayudar a mitigar los riesgos. Y es que ante los desastres naturales nosotros también podemos hacer algo: ser responsables con nuestro entorno natural.
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