may
18
2011
Autor: Mara Bueno Comentarios: ?
El hogar y la escuela son los lugares donde las niñas y los niños deben sentirse más queridos, seguros y acompañados. Son los ámbitos vitales necesarios para su desarrollo pero, aún así, nueve de cada diez niños de la capital de Bolivia, La Paz, sufren maltratos precisamente en estos lugares.
Bolivia, donde casi la mitad de su población es menor de 18 años, es uno de los países más pobres de América Latina. En el departamento de La Paz, sólo 15,4 de cada cien personas ve sus necesidades básicas satisfechas y, en la ciudad de El Alto, sólo lo consigue un escaso 7,29 por ciento. La pobreza representa, para niñas y niños, una violación a sus derechos de supervivencia y desarrollo, que se agrava cuando además se vincula a situaciones de exclusión, maltrato y violencia sexual.
Una cuarta parte de las denuncias que reciben las oficinas dedicadas a la defensa de la niñez y la adolescencia son por maltrato físico y psicológico. Y es que nueve de cada diez niños de la ciudad sufren maltratos en la escuela o en el hogar, según una encuesta realizada en 2006 por la alcaldía de La Paz.
Cuatro de cada diez niños y niñas sufren violencia verbal, física e incluso sexual en los centros educativos. Respecto a la violencia sexual, ésta ocurre tanto en la familia como en la escuela y la comunidad y constituye también uno de los delitos pocas veces denunciado. La violencia sexual es uno de los problemas sociales más complejos que todavía no forma parte de la agenda pública. Y es que muchos mitos contribuyen a legitimarla y reproducirla e, incluso, intentan justificar este delito como una acción voluntaria de niñas, niños y adolescentes.
Todo acto de violencia de un adulto hacia un niño o adolescente, por muy breve o leve que sea, deja una cicatriz emocional permanente y tiene un efecto acumulativo. Una bofetada puede servir para que el adulto libere su cólera transitoriamente, pero no enseña a los niños a cuidar sus cosas, ser ordenados ni respetar a las personas. Al contrario, una niña golpeada es menos capaz de mirar al padre como una fuente de amor, protección y consuelo, lo cual es vital para su sano desarrollo.
Pegarles enseña que la relación entre los seres humanos está basada en la fuerza, que el poder es justicia. Cuanto más golpeado sea un niño, mayor será la posibilidad de que llegue a ser un adulto que se relaciona con los otros mediante el uso de la fuerza.
Ante todas estas realidades, las políticas sociales bolivianas –en este caso– han sido insuficientes para frenar la violencia hacia la niñez y la adolescencia. Por ello, junto con la Fundación La Paz, llevamos a cabo el proyecto Rincón del Buen Trato, un espacio para comprender por qué se dan estas situaciones abusivas y facilitar cambios que impliquen respeto y protección de los derechos en las relaciones entre adultos y niñas, niños y adolescentes.
Los protagonistas del proyecto son los niños, niñas y adolescentes; sus padres, madres o adultos responsables de su crianza; y profesores, educadores y personal de instituciones que trabajan con la infancia. Una de las directoras cuenta la importancia de tomar conciencia de lo que vives durante tu infancia: “Para los padres ha sido interesante realizar la retrospección de lo que les pasó cuando era niños, lo han recordado con lágrimas en los ojos. Algunos habían sido torturados, maltratados, no podían ir a la escuela… y hoy observamos que estas mamás repiten lo mismo con sus hijos, pero los talleres les han permitido hacer un cambio”.
A los más pequeños se les informa y fortalece para que sepan cómo identificar y hacer frente al abuso sexual, así como prevenir situaciones de riesgo. Para ello se utiliza el Maletín de prevención con buen trato, que contiene materiales para educadores y actividades lúdico-educativas para preescolares, escolares y adolescentes.
También se trabaja con los padres de familia desarrollando actividades de sensibilización contra el maltrato y de fortalecimiento de capacidades de educación y disciplina sin maltratar. De esta forma se fortalecen maneras de pensar, sentimientos y prácticas de buen trato. “Representar lo que vivimos me ayudó a hablar con mi esposo. Charlamos y mejoramos. Recordamos lo que éramos antes, lo más lindo que pasó en nuestra vida”, decía una de las madres que participaron en el taller. El problema es que no conocían alternativas, explica uno de los educadores: “Los padres sabían que el maltrato lastima y limita el desarrollo, y que no es la manera adecuada de educar a los hijos, pero no conocían otras alternativas de relación con ellos”.
El profesorado y los responsables de los programas de educación, protección y defensa de los derechos de los niños también participan. Se les enseñan contenidos de sensibilización contra toda forma de violencia hacia niñas, niños y adolescentes. Esto se hace a través del Código de conducta elaborado por Fundación La Paz, un documento que compromete a las autoridades gubernamentales y los responsables de instituciones privadas a promover en los adultos la decisión de redefinir la relación con los niños, niñas y adolescentes y construir un mundo sin maltrato.
También se llevan a cabo terapias psicológicas para superar experiencias traumáticas. Un equipo de profesionales dirige actividades a las víctimas de maltrato de forma individual y familiar. Las grupales incluyen expresión de emociones con el cuerpo y la música; dramatización, dibujos y recreación de cuentos y poesías; pintar y tejer como terapia de desahogo; así como el apoyo a escolares con dificultades académicas o con capacidades superiores. Gracias a estas acciones, tanto niñas, niños y adolescentes como sus familias encuentran una oportunidad para compartir ideas y soluciones.
Con todos ellos se trabaja mediante la pedagogía de la ternura, que se opone a la pedagogía de la violencia porque reconoce a niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho. Mediante la ternura se consigue reconocer las diferencias; ser capaces de comprender y tolerar; dialogar y llegar a acuerdos; construir colectivamente aprendiendo de los que no saben; soñar y reír; enfrentar la adversidad y aprender de los fracasos tanto como de los éxitos. La pedagogía de la ternura tiene una dimensión política porque considera protagonistas en la construcción de la sociedad a los niños, niñas y adolescentes y entiende el buen trato como un proyecto de vida.
El proyecto Rincón del Buen Trato se desarrolla en tres de los siete grandes distritos de La Paz: San Antonio, Max Paredes y Periférica. En estas tres zonas de la ciudad viven más de treinta mil niños y niñas y existen 52 escuelas de primaria, donde trabajan 900 profesores. Entre 2008 y 2010 han participado en el proyecto 3.042 niños, niñas y adolescentes; 749 padres y madres de familia y 1.484 profesionales de la educación.
Fotos: Bernd Rasing, Fundación La Paz
Tags relacionados: Bolivia, pobreza, maltrato infantil
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