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31

2011

Un ejemplo de solidaridad en primera persona

Autor: Ana Fuente
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“Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga”, ya lo decía Homero: la solidaridad no implica sólo respeto hacia nuestro prójimo, justicia social o equidad, sino también altruismo, empatía, compasión y muchos valores más, fundamentales para promover las relaciones entre las personas, los pueblos y las naciones.

Hoy es el Día Internacional de la Solidaridad y desde Intervida queremos rendir un especial homenaje a nuestras defensoras comunitarias, que trabajan duro contra la violencia de género en Nicaragua. Mujeres que han vivido el maltrato de su pareja o marido  en primera persona y que ahora, una vez superado ese duro trance, están prestando ayuda a sus congéneres que sufren  la misma situación. Defensoras como Mª José Berrios, entre otras, son la esencia de la solidaridad y de la lucha por la igualdad y la libertad de las mujeres. Mª José nos explica cómo ha transformado su mal trago en una experiencia positiva al ayudar a otras mujeres:

La empatía, la fuerza y la sensibilidad son los ingredientes principales para comprender, acompañar y asesorar a otras mujeres en su arduo camino para salir del círculo de la violencia de género. Intervida les ha aportado formación para desempeñar la función de defensoras comunitarias, pero su gran valor reside en una actitud altruista y una gran fuerza para combatir esta lacra de la cual ellas mismas han sido víctimas.

Nicaragua, con alrededor de seis millones de habitantes, es el segundo país más pobre de Latinoamérica  (el primero es Haití). En este país, una de cada tres mujeres sufren violencia de género y 89 de ellas murieron en el 2010. Una cifra que sigue subiendo año tras año. Según datos de la Comisaría de la Mujer y la Niñez, dos tercios de las violaciones denunciadas entre enero y agosto del 2010 afectaban a niñas menores de 17 años. Los índices de denuncia siguen siendo muy bajos, alrededor del 20%.

A pesar de tratarse de una lacra universal, hay una serie de factores de riesgo que forman parte del contexto socio-económico y cultural de Nicaragua –como por ejemplo el nivel de pobreza, el analfabetismo, o la tan arraigada  cultura machista-  que fomentan esta problemática social.

La coordinación de toda la sociedad, desde el gobierno y las instituciones públicas como la policía, los servicios de salud hasta el sistema educativo y las familias,  es primordial para combatir esta “cultura de la violencia”. No basta con la voluntad de hacerlo sino que hacen falta años de trabajo en educación y sensibilización para que las nuevas generaciones empiecen a cambiar de mentalidad.

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