ene
25
2011
Autor: Ricard Marti Comentarios: ?
Así empezaba una expresión latina que durante siglos fue la justificación de la política armamentística de los estados. La expresión completa es: Si vis pacem para bellum, que puede traducirse como: “si quieres la paz, prepárate para la guerra” y parte de la experiencia histórica que muchos pueblos han experimentado. Según ésta, es preferible una política basada en la desconfianza y la carrera armamentística que la posibilidad de ver invadido y derrotado al propio país.
Es decir, la historia está llena de ejemplos en que los pueblos más confiados, más cultos y con gobernantes más filantrópicos se han visto atacados por otros y han sufrido las consecuencias.
Hoy en día la guerra en sus diversas formas -conflicto intermitente, terrorismo, enfrentamientos violentos de tipo étnico, económico, religioso…- golpea en todo el mundo. Los estados mantienen ejércitos costosísimos; la I+D en tecnología militar supone un capítulo muy importante y todo ello expresa un estado de ánimo, una sospecha del otro que justifica las medidas preventivas, expresión eufemística de la tradicional frase latina.
¿Es posible un estado sin ejército? ¿Y un mundo sin guerras?
Las respuestas son afirmativas: Costa Rica y otros estados no tienen fuerzas armadas. Después de la II Guerra Mundial, Europa vivió en paz durante décadas hasta la guerra de los Balcanes.
La paz hay que preservarla, es más que un alto al fuego entre guerras porque si no, como decía Raimon, “no es más que miedo”. Debe ir acompañada por otros valores, como la justicia, el desarrollo o la educación.
Resulta sintomático que una de las primeras ONG fuera Cruz Roja, nacida para aliviar los males de la guerra, y que otra ONG tenga como divisa Justicia y Paz. Puede que sólo sean indicativas de que costará mucho erradicar la guerra, pero también de que el camino existe en medio de los obstáculos y rodeado de amenazas, pero con una destinación final ineludible.
¿Qué puede hacer hoy una ONG en este sentido? Pues formar, concienciar y contribuir con su personal y medios con esta finalidad. Cuando lleguen los momentos de duda y desespero, valdrá la pena recordar que la historia está llena de casos en que la cultura del pueblo dominado por las armas fue quien se impuso al teórico vencedor.
Seguramente la humanidad deberá convivir con esta dualidad guerra-paz durante mucho tiempo, pero es responsabilidad nuestra decidir qué legado dejaremos a nuestra descendencia, qué valores serán sus referentes.
Como individuos y como organización debemos plantearnos el Día de la Paz como un paso hacia el mundo futuro que queremos. Cualquier persona puede tener un arranque violento, cualquier gobierno puede iniciar una guerra; pero sólo una sociedad con formación, cultura, sensibilidad y espíritu de pervivencia puede proporcionar la base para la educación, la sostenibilidad y el desarrollo de sus habitantes, y que los valores éticos y morales ayuden al resto de sociedades.
La conclusión de esta reflexión podría ser: Si vis pacem para pacem
Foto: Amelie Louys
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