may
4
2010
Autor: Mara Bueno Comentarios: ?
Es experto entre muchos otros temas en resolución de conflictos, investigación para la paz, teoría y práctica del desarrollo, políticas de cooperación para el desarrollo y seguridad humana. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre estas temáticas. También ha formado parte de diversas misiones de observación de procesos electorales y situaciones de conflicto y ha participado en comisiones de mediación y resolución de conflictos en Nicaragua, Chiapas y Guatemala. Acaba de inaugurar la sede del Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP), que preside.
¿Qué es el Instituto Catalán Internacional para la Paz?
El ICIP es una creación del Parlamento catalán a partir de iniciativas de la sociedad civil que desde hacía años pedía una ley de fomento de la paz y disponer de un instituto de investigación directa aplicada y de formación en temas de paz como tienen muchos países del mundo, desde Suecia, con el Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI), o Estados Unidos, con el United States Institute of Peace.
¿Cuáles son sus funciones principales?
El Instituto es básicamente una institución que busca complicidades con las administraciones, la sociedad civil, las universidades y los centros de investigación. Tiene tres grandes líneas de trabajo: la investigación directa y aplicada, por sí solo o en colaboración con otras entidades; la formación y la difusión; y el compromiso práctico, la construcción de la paz sobre el terreno. Ésta última es una de las partes más complicadas, pero es muy importante porque hoy en día las agendas de paz, seguridad, desarrollo y derechos humanos están ligadas las unas con las otras, y por lo tanto el ICIP deberá hacer investigación que sirva a muchos actores y contextos diferentes.
¿Cuál es la situación en el mundo respecto a los conflictos?
Actualmente encontramos situaciones de enorme injusticia estructural que son viveros potenciales de conflictividad armada. También algunos conflictos de tipo armado, unos treinta en el mundo, que provocan más de mil muertos militares al año. Casi todos ellos son conflictos internos situados en los países del Sur. El conflicto clásico que denominábamos guerra entre estados prácticamente es la minoría, de uno, dos o tres como promedio según los años.
No obstante, lo importante es que está apareciendo un nuevo tipo de violencia interna, con pandillas, maras, narcotráfico. El Estado ha perdido el monopolio de la violencia. Algunos de estos tipos de violencia tienen que ver con situaciones de enorme injusticia o de violación de derechos humanos, otros con guerras. En otros casos, como pasa con el 80% después de un acuerdo de paz, que vuelva a rebrotar la violencia al cabo de un tiempo.
¿Qué se puede hacer para construir la paz en lugares donde existen tantas desigualdades e injusticias?
El trabajo sobre el terreno debe ir en varias direcciones. La primera es la prevención de las conductas violentas, que debe hacerse con la ayuda de las organizaciones que se dedican al desarrollo porque se trata de eliminar las razones profundas de las guerras. Una segunda dimensión es el trabajo durante el conflicto armado. Se puede continuar trabajando en la construcción de la paz, haciendo trabajo de base con organizaciones, buscar puentes, conseguir que se recobre la confianza. Y luego, durante el post-conflicto, cuando hay un acuerdo de paz se entra en el complejo terreno de lo que denominamos las tres erres: la reconstrucción, porque los conflictos armados no sólo estropean infraestructuras sino también instituciones y relaciones sociales; la resolución de los problemas que originaron el conflicto; y, la más difícil, la reconciliación, que consiste en que aquellas personas que se han separado puedan estar de nuevo juntas.
Se dice que el hambre en el mundo podría eliminarse con el 10 por ciento de lo que gastamos en armamento...
Esto es cierto y no es cierto. La noticia importante es que todo tiene solución, y además no sólo una. Y sabemos que el hambre puede solucionarse, que el coste es relativamente pequeño, y que el gasto militar, de más un millón de millones de dólares al año, es enorme y podría solucionar muchas cosas. Pero no es parcialmente cierto en un punto: esta idea parte de que el mundo tiene que continuar como está, que basta con ajustes. Y las reglas del juego son profundamente injustas, son reglas que provocan desequilibrios estructurales. Lo que tenemos que cambiar son las reglas de juego. Alva Myrdal, que fue ministra sueca de exteriores, premio Nobel de la Paz y una de las grandes mujeres del movimiento para la paz lo dijo una vez de una forma muy rotunda: congelar todos los sistemas armamentísticos es un primer paso para una política realista de desarme.
Muchas veces los conflictos no tienen que ver con las personas sino con intereses económicos...
Los conflictos tienen diversas causas. El mundo es un mundo de grises y en muchos de los conflictos la causa es material, pero detrás siempre hay personas y relaciones sociales que sufren, y la solución pasa siempre porque las comunidades acepten la paz. Aunque exista un acuerdo firmado, si la gente no lo acepta la paz no es una realidad.
Como mínimo hay tres niveles de diplomacia: la diplomacia clásica entre estados, la diplomacia de los expertos, y la diplomacia de base, de la sociedad civil. Es fundamental, por ejemplo, que haya israelíes y palestinos que trabajen juntos, que tengan las puertas abiertas. La paz es demasiado importante para dejarla sólo en manos de los expertos.
¿Cómo se define la paz? ¿Es sólo ausencia de guerra?
Como hay diversas formas de violencia, también hay distintas formas de paz. Hay violencia directa, personal, que podemos ver cuando un hombre maltrata a su pareja, cuando dos sociedades están en conflicto, cuando un terrorista pone una bomba. Pero hay otra violencia mucho más profunda, a menudo invisible, que denominamos la violencia de las estructuras, la que tiene que ver con que unos tengan mucho y otros muy poco. En Brasil, la distancia entre el 20% más rico de la población y el 20% más pobre es de casi 28 veces. Esta brutal desigualdad tarde o temprano puede generar violencia.
También hay un tipo de violencia, la más difícil de combatir, que es la cultural, la que crea amigos y enemigos, la que te dice "el problema no es material, es la existencia de los otros", y que termina en genocidio, en limpieza étnica.
Como hay estos tipos de violencia, también hay dos grandes tipos de paz: la paz negativa, en el sentido de simple ausencia de violencia, que ya es mucho; y la paz positiva, con suficientes dosis de justicia como para poder transformar el conflicto. Conflictos habrá siempre, porque el conflicto es natural. El problema es cómo se gestiona para evitar la conducta violenta.
¿La ayuda para el desarrollo debe estar ligada a los procesos de paz y consolidación de la democracia?
El desarrollo siempre implica construcción de la paz porque un elemento clave del desarrollo son las instituciones, que son mecanismos de resolución de conflictos. Por lo tanto, las entidades que hacen cooperación para el desarrollo o ayuda humanitaria o de emergencia no pueden obviar la dimensión de paz. Las de ayuda humanitaria o de emergencia porque muchas veces, cuando intervienen, lo hacen en un contexto de conflicto bélico. Si la organización es de cooperación para el desarrollo, como es el caso de Intervida, puede plantearse trabajar en educación para la paz, cultura de paz, hábitos, mecanismos de interiorización de resolución de conflictos, respeto, prevención…, porque sin desarrollo no puede haber paz estable.
Pero usted dice que ni la ayuda pública ni la privada pueden cambiar las cosas en el Sur.
A veces he dicho que el verbo desarrollar sólo puede ser intransitivo, recíproco o impersonal, no hay un verbo desarrollar transitivo, nadie desarrolla a otro. Y lo mismo podemos decir en temas de paz. Desde fuera se puede ayudar, y éste es el papel de la cooperación para el desarrollo: dar una ayuda en la dirección correcta. Pero todo lo que no sea empoderar, que no sea concebido como propio por las personas, los grupos, las naciones, los estados, no funciona.
El trabajo del cooperante y del constructor de paz tiene tres reglas: la modestia, porque en el mejor de los casos podemos ser un grano de arena que pueda significar el cambio; la no solución única, ni mágica, que nos permite estar atentos a la cultura de los otros; y el bricolaje, porque puedes tener la idea básica de cómo montar un armario, pero como lo montes un domingo, cuando no puedes ir a comprar la pieza que te falta, tienes que hacerlo con lo que tienes en las manos. La labor de bricolaje, de aprovechar lo que se tiene, es básica.
Y el optimismo…
Sí, pero optimismo en el sentido del comunista italiano Gramsci, el optimismo de la voluntad, frente al pesimismo de la inteligencia.
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