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9
2010
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Pedro Arrojo es Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Zaragoza y ha sido Vicedecano de la Facultad de Económicas y Empresariales, delegado del Rector en el Centro de Cálculo y Vicerrector. Actualmente es profesor universitario y experto en la economía del agua. Es fundador de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA), un concepto lanzado desde los movimientos sociales de Zaragoza que ha cristalizado en esta fundación.
La nueva cultura del agua supone, según sus palabras, aplicar al agua menos hormigón y más inteligencia, ¿en qué se traslada a efectos prácticos?
Teníamos una intuición de retos de cambios a finales de siglo XX, no solamente a nivel de políticas o de instituciones sino también un cambio a nivel de prioridad en los valores, en la ética. Va más allá de la propia gestión del agua. Es un cambio de cultura exigido por el nuevo paradigma de sostenibilidad y nuestra relación con la naturaleza y, en el fondo, también en la relación entre nosotros. Igual que ya entendemos que un bosque no es un almacén de madera sino un ecosistema vivo y no puede ser tratado así, pues los ríos no son canales de H2O sino que son ecosistemas vivos. No es que no nos importe la madera como recurso sino que gestionarla de forma sostenible nos da muchísimos más valores: paisajístico, identidad del territorio, fauna, flora… y éste es el reto que debemos abordar. En materia de agua también debemos dejar de gestionar el recurso y gestionar ecosistemas y, por otro lado, hay que cambiar la ética, las prioridades.
¿Cuáles son las causas principales de que en el planeta azul millones de personas no tengan acceso al agua?
Se suele pensar que si hay 1.100 millones de personas sin acceso al agua potable es por escasez y no es así. Si bien es cierto que hay casos que en territorios áridos o semiáridos se da esta circunstancia, como el Sahel, hay 1.000 millones que viven con acceso al agua, pero contaminada. Hemos quebrado el equilibrio del ecosistema. Primero murieron las ranas y los peces y luego miles de personas. Por tanto, tenemos un problema humanitario gravísimo respecto al agua que nuestro planeta nos brinda. Por eso el agua como recurso exige ser tipificado y yo marco diferentes niveles. Hablamos del agua-vida cuando está vinculada a los derechos humanos, del aguaciudadanía cuando responde a usos de interés general de la sociedad y derechos ciudadanos y finalmente del agua-economía cuando tiene usos productivos, responde al derecho a ser más rico, a vivir mejor, que puede ser legítimo, pero no es un derecho humano, y no puede ser que sólo puedan ejercerlo los más ricos. Naciones Unidas reconoce el agua-vida como un derecho humano. Son 34-40 litros diarios aproximadamente que necesita todo ser humano de agua potable, de agua de calidad. Este volumen supone el 1% del agua que estamos usando, de la que extraemos. Por tanto no hay disculpa, es una cuestión de prioridad política, el acceso al agua es un derecho humano.
¿Es entonces Naciones Unidas el organismo responsable de proteger los ecosistemas a nivel internacional?
Los derechos humanos son declarados por Naciones Unidas y son ellos quienes deben velar porque se cumplan, otra cosa es qué herramientas efectivas y eficientes desplieguen.
La mercantilización de los recursos naturales del planeta es evidente pero también parece que debería tener los días contados, ¿cómo acabará la supremacía empresarial?
La sociedad es la que marca las prioridades, pero la rebelión de los que sufren acaba marcando avances históricos, en este caso en el ámbito de los derechos humanos. Si en España, cuando éramos más pobres que Méjico, se consiguió la fuente de agua pública gratuita y no había Banco Mundial…imagínese. Debe ser una prioridad actual antes que las armas o asfaltar las calles…y esto es evidente. Lo puede hacer el Banco Mundial, la Unión Europea o otras grandes organizaciones internacionales. No hay disculpas.
Entonces, según usted, ¿no hay responsabilidad empresarial?
No. Las empresas no pueden ocuparse de las necesidades de los pobres, las empresas se centran en ganar dinero. El segundo nivel de mi teoría, tras el nivel agua-vida, es el que yo considero agua ciudadanía. Es como máximo un 10%, y se usa en actividades de interés general. Nosotros usamos más de 30- 40 litros al día. Unos 100-120 al día, en la cisterna del váter, el lavavajillas, etc., pero lo consideramos necesario. Quizás este derecho “ciudadano”, que es diferente porque este sí tiene contraparte de deberes, también es de acceso universal. Creo en un sistema tarifario por bloques de precios crecientes, los primeros 30-40 deberían ser gratuitos, sobre todo si eres pobre. Los siguientes hasta 120 litros por día lo podríamos pagar a lo que nos cuesta la sociedad, y el siguiente tramo al doble, y al final pagaríamos a cinco veces más y haríamos una subvención cruzada. Los derechos no se entregan al mercado, no se pueden privatizar porque el mercado funciona al revés, cuanto más consumes más barato sale, yo propongo lo contrario, un modelo de economía social. El tercer nivel es el agua-economía, que produce servicios y productos, actividades legítimas, que suponen un 80% para producir electricidad, coches...La mayor parte de la escasez de agua e incluso la contaminación proceden de este nivel, del agua economía. El interés general debe primar en la gestión de los recursos hídricos, debe de cambiar, para democratizarse, no para privatizarse.
En la cumbre de Nueva York se revisaron los objetivos del milenio. Respecto al Objetivo 7: Garantizar el sustento del medio ambiente. ¿Qué parámetros se usaron para medir el avance?
El problema no es de medidas, es de prioridades y de medios. Ante realidades obvias, Naciones Unidas se ha visto obligada a reconocer los problemas, pero le ha faltado capacidad de gobernanza para resolverlos. Por ejemplo en materia de agua, la accesibilidad no ha sido un problema más que en lo que se refiere a la quiebra de los ecosistemas que hemos ido envenenando. 1.100 millones de personas sin acceso al agua potable, 10.000 muertes diarias de diarrea u otras muertes no declaradas por tóxicos son la cara humana de la quiebra de la sostenibilidad. En los países más ricos se han instituido unas prioridades, la Unión Europea dice que quien contamine va a la cárcel y debemos aplicar esto a nivel global, no puede ser que puedan contaminar en Senegal y no en Europa. La salud está por encima de los intereses de los ricos. La voluntad política emerge de la voluntad social y no somos conscientes de que la gente muere de sed, si lo fuésemos, no lo permitiríamos.
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