oct
17
2011
Autor: Cristina Moñino Comentarios: ?
Un año más, en un contexto que coincide con la mayor hambruna del siglo XXI y con una crisis de graves consecuencias para las personas más vulnerables, se celebra el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Se calcula que más de 1.400 millones de personas sufren pobreza extrema, casi 1.000 millones padecen hambre y, sólo en España, más de 10 millones de ciudadanos se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión.
Un escenario poco alentador, que no afecta por igual a todos y todas. La historia se repite. Nuevamente son las niñas, adolescentes y mujeres las que soportan una carga desproporcionada de la pobreza. Siete de cada diez pobres en el mundo son mujeres, y a pesar de que constituyen el 50% de la población mundial, sólo poseen un 1% de la riqueza. Entre ellas, 250 millones de niñas entre diez y diecinueve años viven con menos de dos dólares al día. A ellas les corresponde el papel de agentes activas en todas y cada una de las políticas y estrategias impulsadas para salir de la pobreza.
Su empoderamiento rompe con el círculo de la pobreza, y la educación es la clave para lograrlo. En Intervida trabajamos por este fin, convencidos de que la educación es el primer paso para conseguir el cambio en un mundo donde aproximadamente una cuarta parte de las niñas no va a la escuela. Está comprobado, la educación en las niñas tiene un efecto multiplicador. Cuando una niña recibe siete o más años de educación, se casa cuatro años más tarde y tiene 2 hijos menos; por cada año adicional de educación primaria en las niñas, aumenta el salario entre un 10 y un 20%; y por cada año adicional de secundaria, entre un 15 y un 25%.
Los datos lo constatan. Si mejora la vida de una niña, mejora la de su familia. Es un hecho que cuando las mujeres obtienen ingresos, reinvierten el 90% en sus familias, mientras los hombres destinan el 30-40%. Ahora bien, las mujeres siguen teniendo mayores probabilidades de caer en la pobreza debido a la discriminación sistemática en el acceso a la educación y los servicios de salud o en el control de bienes. Si no tenemos en cuenta su potencial como agentes de cambio, el primer Objetivo del Milenio no se cumplirá, y tampoco el reto mundial de acabar con la pobreza global.
Foto: Intervida/Luís Botella
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