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10

2010

Más efectos de los incendios de Rusia

Autor: David Pastor
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Los incendios de Rusia en julio y agosto han dado lugar a una consecuencia inesperada a nivel mundial. La sequía que están sufriendo en el país y la destrucción de bosques y campos de cultivo ha hecho tomar al gobierno la decisión de prohibir la exportación de cereales y sus derivados.

Como en otras muchas ocasiones, esta ha sido la señal necesaria para que los mercados (y las personas que los manejan) hayan visto la posibilidad de hacer cálculos con el valorde estos cereales a nivel mundial y se lancen a una carrera de subida de precios. No hay que olvidar que el valor y destino de todas las materias primas, y los granos lo son, se deciden en las bolsas y las opciones que asumen estos mercados pueden generar grandes fortunas para unos pocos o la quiebra de países enteros que basan su economía en cultivos específicos.

Ya hace tres años, justo antes de la crisis financiera que vivimos, se inició una crisis alimentaria derivada del alza de los precios debido principalmente al coste del petróleo y a la especulación sobre los cultivos una vez que se vio que la producción de biocombustibles era más rentable que un destino como alimento.

Si bien el precio de los principales productos alimentarios, como el arroz, llegó a subir casi cuatro veces a nivel mundial en el pico de la crisis, una vez esta situación se relajó, ya no se recuperaron los valores anteriores, sino que actualmente dichos precios siguen siendo casi el doble a los de la etapa previa. El crecimiento de la demanda, motivado principalmente por el empuje de economías como China o India, mantiene la estabilidad de este incremento.

Como consecuencia tangible de esto, tanto los cultivos básicos (trigo, arroz o soja, por ejemplo) como los productos cárnicos alimentados con piensos han aumentado su precio y se han hecho menos accesibles a una población que ya de por sí cuenta con enormes dificultades de acceso al alimento.

Realmente, las familias con menores recursos se ven abocadas a mayores gastos por los alimentos básicos, con dinero que no poseen y que supone más presión aún sobre la situación de pobreza y amenaza un poco más la propia supervivencia. El hecho de que las tortillas de maíz en Centroamérica hayan duplicado su precio en los últimos cuatro años es un ejemplo de cómo una decisión de los mercados puede afectar a millones de personas que tratan de sobrevivir con lo más básico.

Finalmente, cabría plantearse cómo la globalización ha permitido grandes intercambios comerciales y de alimentos a nivel mundial, garantizando la disponibilidad en momentos adversos, pero al tiempo, ha debilitado en muchos casos la capacidad de los países para garantizar su autoabastecimiento o incluso tomar decisiones propias sobre su futuro.

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