dic

20

2011

La solidaridad tiene rostro

Autor: Margarita Serra
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“Los problemas mundiales deben abordarse de tal manera que los costos y las cargas se distribuyan con justicia, conforme a los principios fundamentales de la equidad y la justicia social. Los que sufren, o los que menos se benefician, merecen la ayuda de los más beneficiados”

Declaración del Milenio

Con estas palabras celebramos hoy, 20 de diciembre, el Día Internacional de la Solidaridad Humana. Es una fecha que nos recuerda la importancia de este valor y principio moral para el desarrollo de todas las personas desde la dignidad, la equidad y  la justicia.

En un mundo interconectado, la globalización ha acortado distancias y ha aumentado la velocidad para el encuentro con el otro. Somos 7.000 millones de personas, por ello y ahora más que nunca, el principio y valor de la solidaridad debe reforzarse, promoverse y educarse.

Reforzarse, porque nos enfrentamos a retos difíciles de superar. El primero: la pobreza. Según el Banco Mundial, este año hay 44 millones más de personas que viven con menos de 1,25 dólares al día; las vulneraciones de derechos, a la educación, a la alimentación, al agua, a la salud, a la seguridad…; y el cambio climático, una amenaza urgente y mundial que puede poner en serio peligro a la humanidad. La verdadera solidaridad es la que está enfocada a impulsar cambios que favorezcan al pleno desarrollo de las personas y los pueblos.

Promoverse, ya que la solidaridad es el eje central de la cooperación, ante los problemas comunes, las naciones no pueden desarrollarse solas. Solo con la colaboración en torno a una causa común seremos capaces de generar un futuro más sólido, más seguro y más equitativo. La solidaridad es la base de las soluciones globales.

Educarse, la solidaridad es una actitud que consiste en sentirse vinculado a otras personas compartiendo intereses o necesidades. Es el signo inequívoco de que somos seres sociales, de que no estamos solos y sobre todo de que no podemos vivir solos. Pero también debe educarse para ello. Partimos de tres componentes: la compasión, el reconocimiento y la universalidad.

La solidaridad implica empatía, ver las cosas desde el corazón. Y esta compasión pasa por el reconocimiento de la otra persona como sujeto de derechos con una dignidad inherente a su condición humana. Desde la dignidad la solidaridad tiene rostro. Y esta se convierte en universal cuando el “otro” es la humanidad inmersa en situaciones de inequidad y de injusticia social.

Celebremos hoy el Día Internacional de la Solidaridad Humana mirando a nuestro alrededor, mirando tanto al prójimo más cercano como al más distante, porque todos formamos parte de la misma realidad.

Foto: Intervida/Luís Botella

Tags relacionados: solidaridad, cooperación, derechos humanos

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